NO TE DUERMAS, MI AMOR, MIRA LA CALLE

Unos personajes que, desde su aparente normalidad, acaban rozándose con los límites del mundo. Siempre al borde de una inminencia, siempre en marcha hacia los cuatro puntos cardinales, ponen cara de póker, aguantan a solas una intensa forma de melancolía; se desmoronan sin ruido y sin muecas que desvelen su fondo áspero. Tocados por un fatigado cinismo, como lo está el propio narrador, concluyen llenos de piedad o ternura: aguantan expectantes, mantienen una forma crónica de ilusión. El mundo, entonces, les da lo prometido: un páramo helado, una isla batida por el viento, una calle atestada de pescado fresco. La recompensa es magra, pero se acepta como todo lo demás: sin queja ni reproche. Con dignidad.

Solaria (segunda época, número 14, primavera de 2002)
Antonio López-Peláez Manoja, No te duermas, mi amor, mira la calle. Ediciones KRK, Oviedo, 2002.
En un conocido decálogo sobre el arte del cuento, el escritor argentino Ricardo Piglia recuerda la teoría del iceberg propuesta por Hemingway. El norteamericano pensaba que lo más importante de un relato siempre se oculta, queda por decir: es esa inmensa masa de hielo bajo el agua que nunca vemos pero que suponemos que existe. Los cuentos que aparecen en No te duermas, mi amor, mira la calle asumen con pleno convencimiento esa poética de los sobrentendido y la elusión que tan buenos resultados ha dado primero en la obra de Chéjov y mucho después en la obra de Raymond Carver. Las historias que escribe Manoja ocultan bajo una aparente calma una tormenta a punto de estallar. Personajes en situaciones límite, escépticos, sin nada que perder, transitan sin rumbo fijo esperando nada. Con una atención especial por el detalle y un gusto por los finales abiertos, inconclusos, los trece cuentos de este libro se apartan de un estilo autocomplaciente y pomposo, y nos acercan a esos espacios en blanco o a esos paréntesis por donde, en cualquier momento, la vida puede llegar a perderse o a ganarse.

Nicolás Miñambres – Zozobras del ser humano
Diario de León, 26 de mayo de 2002

No te duermas, mi amor, mira la calle
Antonio López-Peláez Manoja
KRK. Oviedo, 2001. 186 pp.
Trece historias humanas (situadas en ámbitos inesperados sin aparente conexión) integran esta colección de relatos agavillados con un bello título. Sus protagonistas, localizados en situaciones de extrema soledad o desamor en muchos casos, están, como indica la solapa de la obra, “siempre en marcha hacia los cuatro puntos cardinales.” En el fondo, los guía una caprichosa rosa de los vientos que zarandea sin piedad sus destinos. Un circo, África, Inglaterra, Castuera, Portugal… son algunos de los puntos de esa psicológica marcha, que nunca lleva a los personajes a la felicidad. Con un estilo de sencillez impresionista y un manejo preciso de los recursos aparentemente más elementales, el autor crea situaciones humanas que no se ajustan al comportamiento convencional. Los protagonistas son casi siempre parejas a cuyos integrantes unen lazos sentimentales diversos, siempre abocados a un final sumido en un fragmentarismo que dota al desenlace de un extraño misterio y de un cierto valor de universalidad: lo que el lector intuye que puede ocurrir depende de su imaginación o de su sensibilidad, pero siempre le servirá como una muestra paradigmática de las relaciones humanas. La temática ofrece una gran variedad, que va desde el amor a la proximidad inminente de la muerte, sin que falte la referencia a mitos universales como el santo Grial, que, sin embargo, es sólo un pretexto para una relación humana. El único escenario claramente español, Castuera, será el lugar en el que el lector se encuentre con una narración entre surrealista y kafkiana. Con todo, la soledad, la necesidad de comunicación, parece el sustrato más común, por mucho que este estado presente variantes insospechadas.
La obra ofrece atractivos indudables y, sobre todo, una gran pericia literaria que le permite al escritor convertir experiencias aparentemente vulgares en situaciones de curiosa polisemia. Todo ello resulta más llamativo si consideramos que nos hallamos ante una opera prima, circunstancia que augura éxitos indudables a su autor.

Letras libres (marzo de 2002)
Antonio López-Peláez Manoja
No te Duermas, mi Amor, Mira la Calle
KRK, Oviedo, 2001, 186 pp.
Primera entrega de su autor, nacido en León en 1967, este libro de relatos, publicado en una pequeña editorial independiente, es una sorpresa que ojalá encuentre los lectores que merece: una prosa limpia, depurada, con su punto de acero y de escalofrío, un narrador que no se hace ilusiones sobre nada, unos personajes que, desde su aparente normalidad, acaban rozándose con los límites del mundo. Cuentos, en fin, que despiden chispas al cerrarse, como los mejores de su especie.

La Nueva España (7 de noviembre de 2002)
NO TE DUERMAS…
Antonio López-Peláez Manoja
KRK, 188 páginas.
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Faquires decadentes en bares cutres, monos marroquíes buscando pan en un claro del bosque, hoteles de Mauritania donde la televisión escupe tragedias parisinas. Son sólo algunos de los puntos de exotismo que usa el autor de No te duermas, mi amor, mira la calle para resaltar la auténtica médula de estos relatos: franjas de vida común, nada exótica, narradas con prosa depurada y conducidas hasta el límite, hasta el espejo que nos las devuelve desnudas y nada comunes.