NADA PUEDE EL SOL

Nada Puede el Sol ofrece un retrato crudo y desesperanzado del África asolada por la guerra tribal. Un diplomático español viaja hasta Liberia con la misión de encontrar a un compatriota desaparecido. Se trata de un funcionario que renunció a ser evacuado de la embajada para quedarse con los liberianos refugiados en el edificio. Siguiendo pistas vagas y cada vez menos fiables, el diplomático se interna en el territorio más afectado por la guerra y asiste al espectáculo de la degradación de unas gentes que son a la vez víctimas y verdugos de la barbarie. El resultado de su búsqueda resultará, a la postre, tan ambiguo como su propia actitud ante la devastación moral y material que le rodea.

Daniel Serrano, en Nueva Tribuna:
Si Hollywood estuviera aquí, en España, algún magnate del celuloide habría comprado ya los derechos para la adaptación al cine de Nada puede el sol , novela de Antonio López-Peláez. Esto lo pienso yo en más de una ocasión tras la lectura de algún que otro libro y tenía que escribirlo, qué caramba.
Porque Nada puede el sol es toda una aventura. Una aventura triste, eso sí. El viaje al fin de la noche africana de un diplomático que regresa a Liberia para encontrar a un compatriota desaparecido en medio del caos de la guerra.
López-Peláez no va en busca de Kurtz pero también se adentra en ese corazón de las tinieblas donde la barbarie penetra hasta lo más hondo del ser humano. En realidad, el protagonista de esta novela sigue el rastro de alguien que decidió no huir. Jamás llegaremos a entender porqué. A veces, en la vida, adoptamos decisiones heroicas sin heroicidad alguna razonable. O decisiones equivocadas, profundamente equivocadas. Según se mire.
Nada puede el sol nos lleva a visitar el desolador paisaje de un continente en ruinas. Y es una novela muy bien escrita, con una prosa certera, sin concesiones al lirismo equívoco o a pretensiones estilísticas de las que tanto está sobrada cierta alta literatura.
Y yo me imagino ya la película. El plano detalle del sudor en la frente de ese diplomático que, bajo el cegador sol africano, arrastra su cansancio en una búsqueda que, desde el principio, intuye abocada al fracaso.

Entrevista con Peio Hernández Riaño en Público:
Hay pocas portadas que digan tanto de un libro como el que tenemos entre manos. A pesar de que Antonio López-Peláez (León, 1967) describa los hechos reales de la desaparición de un diplomático español en medio de la Liberia sangrienta del criminal de guerra Charles Taylor, con uno de los recorridos fotográficos más brutales que nos haya llegado desde el continente, a pesar de ello, el autor, como su portada, reniega del efectismo. Es la gran virtud de un escritor tan pulcro como desconocido, es la gran ventaja de una imagen en blanco y negro, tan sobria como espectacular entre las novedades.

-¿Dónde clasificaría su libro?
-No sabría qué decirte. Creo que es un libro en el que pasan cosas. Y anticostumbrista. Veo mucho costumbrismo en la literatura española actual. Hay una deriva a contar las pequeñas cosas privadas. Mi voluntad es salirme de los pequeños dilemas del día al día.
-Se lo digo porque una novela tampoco es.
-Tiene algo de reportaje, tiene algo de novela… Llevo con el libro 18 años, cuando desapareció este diplomático de la embajada española en Monrovia, en 1990. En todos estos años, he abordado el escrito desde todos los puntos de vista, incluido el reportaje puro y duro. El enfoque final no pretende ser un reportaje, porque pasé toda la documentación por la ficción.
-Como esa escena dura, la del tipo apodado ‘Baby Rock’
-Eso es real. Se hacía llamar Kung-fu Boy, pura carnaza para los fotógrafos.
-Y en esas situaciones, ¿quién busca a quién, el acontecimiento lo hace el fotógrafo?
-No lo sé. No tengo claro si el fotógrafo es antes que el personaje o al revés.
-Desde luego, no has hecho sangre con los hechos
-He tratado de no caer en el tremendismo fácil. Aunque pueda no parecerlo, quise quitar todo el hierro y el dramatismo periodístico, con perdón.
-Esa falta de trucos cada vez es más demandada
-Prescindir de los recursos librescos, que ya nos los sabemos todos de memoria y llegar a una crónica. Ese es el género, la crónica de los hechos de una manera limpia.
-¿Cómo se metió en esto?
-Por curiosidad. La noticia ni siquiera llegó a salir por televisión, en los periódicos sí. Y cuando me quise dar cuenta estaba allí, en la frontera entre Costa de Marfil y Liberia. Detrás de estas 150 páginas, hay montones de emociones, informaciones, entrevistas, situaciones, paisajes. He tratado de destilarlo lo máximo para llegar a hacer una crónica de lo que pasa allí desde siempre.
-Sí, el título ya refleja esa falta de esperanza
-La situación no da mucho lugar a la esperanza. Modestamente, tengo la impresión de que lo que lastra a todo el África subsahariana es la cuestión tribal. La sociedad tribal es extremadamente salvaje, es una sociedad en
guerra permanente.
-El protagonista es un cínico y un descreído
-Nada puede el sol trata sobre el sentido del deber. El sentido del deber te hace ser quien eres y este personaje se aferra a ese sentido como respuesta al caos que le rodea, para no acabar hecho un bárbaro. Vivir es transigir y estar en permanente diálogo con tus deberes y con tus obligaciones, para adecuarlas a la realidad. La coherencia absoluta lleva a la destrucción, a la tuya o a la de los demás.
-Su personaje llega a los límites del deber
-Así es y por eso está a punto de destruirse. Se aferra a la obligación y no mira más allá. A mí me pasó lo mismo en Liberia, tuve que decirme: yo he venido aquí a escribir mi libro, tomo notas en mi libreta y el resto no es cosa mía. No es una actitud muy edificante, pero si no, corres el peligro de desaparecer. La del escritor o el fotógrafo en África es una situación ambigua. Me he sentido mal con este libro porque llegué allí a surtirme de material. Me vi hurgando en las miserias ajenas para sacar una buena historia.
-Una coartada tendría para su conciencia…
-La coartada es el libro como testimonio lo más honesto posible, pero no sé si es una coartada falsa. No lo tengo muy claro, la verdad. He tratado de retratar esa ambigüedad, de cómo hay terceros que viven de esas tragedias.
-Podría haber hecho algo más fácil y digerible
-No, yo me he metido en camisa de once varas a propósito. Para escribir lo mismo que todos los demás y de la misma manera que ellos, no merece la pena. No vivo de la escritura y no tengo presiones para no dejar de publicar.

 

Ángela Belmar Talón – Crónica bélica de Liberia

El hallazgo de una noticia en un medio impreso, el secuestro del diplomático Francisco Molins en el año 1990, fue el punto de partida para que surgiera de la pluma de Antonio López-Peláez su último trabajo literario, “Nada Puede el Sol”. Este hecho constituye la base argumental de la obra bajo el telón de fondo  de la guerra de Liberia, un país marcado por su origen artificial, ya que surgió de la compra del territorio a la colina británica de Sierra Leona en 1822 por parte de la sociedad Americana de Colonización como destino para conseguir desembarazarse de los negros libertos que pululaban por el país. Todo un nacimiento que ha condicionado los convulsos designios políticos a los que se ha venido enfrentando en sus casi dos siglos de vida.

El autor narra cómo tras el estallido del conflicto bélico la embajada española se convierte en refugio de varios ciudadanos, pero la entrada en este organismo de la guerrilla liberiana sólo beneficia a los que son de origen blanco, para los que se consigue un acuerdo y les permiten abandonarla sin sufrir ningún daño. Sin embargo, para los autóctonos no se se consigue una tregua. Aquí se pierde el rastro de un funcionario blanco que se niega a abandonar a su suerte a sus hasta ahora conciudadanos. Para tratar de deshacer el entuerto, España envía a la capital de Liberia, Monrovia, a un diplomático experto en estas lides con el fin de hallar al funcionario extraviado. Pero la misión se convierte en un viaje en el que la única brújula serán pistas vagas e inciertas que le llevarán a conocer el horror y la miseria humana.

Con el más puro estilo de los periodistas destinados a países lejanos, López-Peláez se sumerge en el continente africano para narrar al lector, tal y como si se tratara de una crónica periodística revestida de los ineludibles toques de la ficción literaria, un periplo que se acabará convirtiendo en un descenso hasta el lado más oscuro del ser humano, donde la barbarie será la moneda de cambio en una suerte de retroceso del hombre hasta un estado animal en el que la ausencia de raciocionio y sentimientos le lleva a cometer todo tipo de actos ultrajantes.

Un libro que toma como excusa un suceso real para ahondar, con un lenguaje limpio y desnudo, en las duras realidades que azotan un país como Liberia y trazar un retrato muy crudo de África y de la humanidad, pero sin caer en el fácil tremendismo. Eso sí, deja un gran sentimiento de desesperanza que inevitablemente el lector extrapola a toda África para preguntarse si algún día llegará la paz a esas sociedades aún tribales.

Publicado en el Faro de Cartagena el 9 de mayo de 2008.