mercancía en desuso

Categoría: Versos sueltos

Francisco de Quevedo – Salmo Primero

Un nuevo corazón, un hombre nuevo,
ha menester, Señor, el alma mía:
desnúdame de mí, que ser podría
que a tu piedad pagase lo que debo.

Dudosos pies por ciega noche llevo,
que ya he llegado a aborrecer el día,
y temo que he de hallar la muerte fría
envuelta en (bien que dulce) mortal cebo.

Tu imagen soy, tu hacienda propia he sido,
y si no es tu interés en mí, no creo
que otra cosa defienda mi partido.

Haz lo que pide el verme cual me veo,
no lo que pido yo: que de perdido,
aún no fío mi salud a mi deseo.

Plegaria ante un cuerpo muerto

 
¿Es cierto que nos ha abandonado?
¿Pero adónde ha ido, que no le es posible regresar?
¿De verdad se ha marchado?
¿Tan insaciable es el otro mundo?
¿No se llena jamás?

Oración fúnebre sotho

Mei Yao Ch’en – Excusa para no devolver la visita a un amigo

No te ofendas porque no
me anime a salir. Me conoces
demasiado bien. Tengo
a mi niña en el regazo, y pegado
a las rodillas a mi precioso
niño. Una está empezando a hablar.
El otro charla ya por los
codos. Se me cuelgan de la ropa
y me siguen donde quiera
que voy. No puedo pasar de la puerta.
Creo que nunca llegaré a tu casa.

Mei Yao Ch’en (1002-1060)

Conjuro y ritual de amor caníbal

 
Muchacha, recházame si quieres.
Los granos de maíz que comes
en tu pueblo… ¡Son ojos humanos!
 
Las raíces de mandioca… ¡Son tibias
humanas! ¡Los boniatos, dedos humanos!
Muchacha: ¡Recházame si quieres!

Etnia ndau, Mozambique. 

 

Último haiku

 
Los poemas a la muerte
son un engaño.
La muerte es la muerte.

Toko Sou (?-1795)

William Carlos Williams – This is just to say…

…I have eaten
the plums
that were in
the icebox
 
and which
you were probably
saving
for breakfast
 
Forgive me
they were delicious
so sweet
and so cold

Jorge Luis Borges – Remordimiento por cualquier muerte

Libre de la memoria y de la esperanza,
ilimitado, abstracto, casi futuro,
el muerto no es un muerto: es la muerte.

Como el Dios de los místicos,
de Quien deben negarse todos los predicados,
el muerto ubicuamente ajeno
no es sino la perdición y ausencia del mundo.

Todo se lo robamos,
no le dejamos ni un color ni una sílaba:
aquí está el patio que ya no comparten sus ojos,
allí la acera donde acechó su esperanza.

Aun lo que pensamos
podría estarlo pensándolo él;
nos hemos repartido como ladrones
el caudal de las noches y de los días.

De Fervor de Buenos Aires (1923)