mercancía en desuso

Categoría: Opiniones propias

De la infinidad de escritores a los que se ha dedicado el espinoso elogio de haberse adelantado a su tiempo, sólo Cervantes da verdaderamente la talla. Y no por sus dotes para predecir los caminos futuros de la literatura, sino por ser capaz de trazarlos él mismo a fuerza de puro talento. Huelga añadir que sin proponérselo: en eso también era distinto.

No tiene nada de extraño que quienes se ganan la vida haciendo predicciones mantengan su prestigio intacto a pesar de equivocarse prácticamente siempre. Toda la habilidad que les falta para acertar les sobra para intuir lo que su público quiere oír.

Lo que educa no son las escuelas. Son las bibliotecas.

Nadie cree a solas. El devoto no sólo aspira al vínculo con Dios, sino también -y no en menor medida- con sus hermanos de credo. La fe es compartida o no es fe.

La práctica totalidad de aquellos que han detentado el poder coinciden en afirmar que las apariencias engañan y el margen real de maniobra de que se dispone resulta angustiosamente estrecho. Por suerte para todos.

La pobreza y la ignorancia no son el caldo de cultivo para el fanatismo religioso. El fanatismo religioso es el caldo de cultivo para la pobreza y la ignorancia.

La felicidad no se experimenta. Sólo se rememora.

Los tratados de antropología proporcionan una información valiosísima acerca de los usos y costumbres de la que probablemente sea la tribu más abrumada por toda clase de tabúes, prejuicios y creencias irracionales: la de los antropólogos.

El conocimiento no es innato. Las estrategias para adquirirlo sí lo son.

Cuanto más amenazada e indefensa se siente una sociedad, más feroz y despiadada se vuelve su religión. El favor perdido de los dioses sólo se recupera con sangre.