En 1934 el Primer Congreso del Sindicato de Escritores de la URSS dictaminó lo siguiente acerca de James Joyce:

Sólo por tratarse de un autor prácticamente inédito y desconocido en nuestro país, Joyce despierta un interés malsano en un segmento de nuestros escritores. Dicho interés es la expresión inconsciente de las inclinaciones de los escritores derechistas que se han adaptado a la revolución pero que en realidad no comprenden su grandeza.