por Antonio López-Peláez

Cuando Damien Hirst expuso en la galería Gagosian una colección de treinta y una pinturas fotorrealistas, no tuvo inconveniente en reconocer que eran obra de un equipo de más de cuarenta personas repartidas en cuatro estudios diferentes. Al preguntársele si no debería haberlas pintado él mismo, contestó: “El resultado habría sido más que cuestionable. Yo soy bastante peor pintor que cualquiera de mis empleados.”