por Antonio López-Peláez

El lenguaje es el rasgo evolutivo que, definitivamente, marca la diferencia. Nos permite nada menos que implantar nuestros pensamientos en la mente de nuestro interlocutor, esto es, configurar su intelecto conforme a nuestros intereses. Ninguna otra de nuestras capacidades es más valiosa. Ni más peligrosa.