mercancía en desuso

Mes: septiembre, 2014

El juego de la caza no está igualado. Para el depredador, perder significa verse obligado a buscar comida en otra parte; para la presa, en cambio, perder es morir. No hay margen de error ni segundas oportunidades. Cada vez que la liebre inicia la huida, sabe que se lo juega todo a cara o cruz. Y actúa en consecuencia.

Los deseos en las sociedades hiperopulentas están completamente desvinculados de la moral. No cabe preguntarse, como en la antigüedad clásica, si van o no en la buena dirección. Se los considera simples hechos psicológicos, sin culpa, responsabilidad ni error. No hay, como había para Aristóteles, una vida intrínsecamente deseable. Hoy, una vida feliz es una vida en que se satisface la mayor cantidad posible de deseos, independientemente de su calidad. Se trata de una aberración obvia que nadie se atreve a cuestionar, a excepción de un puñado de fanáticos errados en todo lo demás. Conque el camino al despeñadero está libre de obstáculos. Y ni siquiera es largo.