por Antonio López-Peláez

En la tradición confuciana, los aristócratas encargados de hacer funcionar la administración imperial carecían por completo de conocimientos de carácter técnico. “Un caballero”, había sentenciado el maestro, “no es un instrumento.” Así pues, estaban versados únicamente en caligrafía, música, poesía y el denominado li, el código de normas de corrección ritual. Más que suficiente para hacer durar mil años el imperio más extenso y poderoso de la tierra.