por Antonio López-Peláez

Quienes claman por la instauración de la guillotina se ven siempre a sí mismos en el papel de guillotinadores, no en el de guillotinados. Hacen mal. Una vez que la cuchilla empieza a funcionar, la línea que separa a unos de otros se vuelve muy borrosa. Especialmente para los imbéciles.