por Antonio López-Peláez

En nuestros días, quienes perpetran asesinatos en masa hacen lo imposible por negar y ocultar la evidencia. En siglos anteriores, por contra, los genocidas se mostraban orgullosos de sus atrocidades y se preocupaban de hacer que se divulgasen con todo lujo de detalles, reales o inventados. Esto no deja de ser una forma mezquina y retorcida de progreso que no debe pasarse por alto. A fin de cuentas, un clavo ardiendo es mejor que ningún clavo.