por Antonio López-Peláez

Filippo Marinetti empezó defendiendo el amor libre, el arte de vanguardia, la abolición de la familia, el reparto de tierras y la destrucción de la iglesia, y acabó convertido en miembro vitalicio de la Academia Italiana, secretario del todopoderoso Círculo de Escritores Fascistas y poeta de cámara de Mussolini. Una trayectoria previsible. Y, para más de uno, modélica.