por Antonio López-Peláez

Para el rabí Akiva ben Iosef no había obra escrita comparable al Cantar de los Cantares. Aun cuando no hubiera existido la Torá, sostenía, el Shir Hashirim por sí solo habría bastado para guiar al mundo. Casi dos mil años después de esas palabras, nada ha cambiado. Fuerte como la muerte sigue siendo el amor. Duros los celos como el Sheol. Pozo de aguas vivas quien ha nacido de príncipe.