por Antonio López-Peláez

El punto de ruptura en que el Antiguo Testamento se viene definitivamente abajo y todo vuelve a empezar de cero se encuentra en el capítulo 8 del Evangelio según San Juan, en el que Jesús, en el templo, se dirige a los judíos incrédulos:

“Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró.” Entonces los judíos le dijeron: “¿No tienes aún cincuenta años y ya has visto a Abraham?” Respondió Jesús: “En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham naciese, Yo Soy.”