por Antonio López-Peláez

Alden Whitman en su necrológica de T. S. Eliot:

Era una figura poética realmente insólita, privada de toda extravagancia de atuendo o ademanes, y sin la menor traza de romanticismo. No irradiaba efluvios, no lanzaba miradas cautivadoras y llevaba el corazón, hasta donde podía observarse, en su correcto lugar anatómico.