por Antonio López-Peláez

Nuestras creencias no tienen la menor relación con la verdad, sino con la imposibilidad de vérnoslas con la vida tal cual es. Se trata de una cuestión de pura supervivencia, y eso las hace definitivamente indestructibles. Hay quien trata, mal que bien, de combatir las ajenas, pero nadie en su sano juicio está dispuesto a cuestionar las propias.