mercancía en desuso

Mes: septiembre, 2012

En su origen, poesía y religión eran una misma cosa. A fecha de hoy, sin embargo, tienen poco o nada que ver, y ambas se han convertido en versiones desvaídas de sí mismas, incapaces de apelar más que a los previamente convencidos. Agonizar con dignidad constituye su único horizonte, y es de temer que ni siquiera eso lleguen a conseguir.

El punto de ruptura en que el Antiguo Testamento se viene definitivamente abajo y todo vuelve a empezar de cero se encuentra en el capítulo 8 del Evangelio según San Juan, en el que Jesús, en el templo, se dirige a los judíos incrédulos:

“Abraham, vuestro padre, se regocijó pensando en ver mi día; lo vio y se alegró.” Entonces los judíos le dijeron: “¿No tienes aún cincuenta años y ya has visto a Abraham?” Respondió Jesús: “En verdad, en verdad os digo: Antes de que Abraham naciese, Yo Soy.”

Alden Whitman en su necrológica de T. S. Eliot:

Era una figura poética realmente insólita, privada de toda extravagancia de atuendo o ademanes, y sin la menor traza de romanticismo. No irradiaba efluvios, no lanzaba miradas cautivadoras y llevaba el corazón, hasta donde podía observarse, en su correcto lugar anatómico.

 

Nuestras creencias no tienen la menor relación con la verdad, sino con la imposibilidad de vérnoslas con la vida tal cual es. Se trata de una cuestión de pura supervivencia, y eso las hace definitivamente indestructibles. Hay quien trata, mal que bien, de combatir las ajenas, pero nadie en su sano juicio está dispuesto a cuestionar las propias.

Grigori Zinóviev, en la asamblea del partido bolchevique de Petrogrado el 15 de septiembre de 1918:

De los cien millones de habitantes de Rusia es imperativo ganar para nuestra causa a noventa. Con los diez millones restantes no merece la pena tratar: deben ser aniquilados.

Para Epicuro, ante cualquier deseo era imperativo hacerse dos preguntas: ¿Qué me sucederá si lo que anhelo se cumple? ¿Y qué me sucederá si no se cumple?

Rainer María Rilke, en carta del 20 de noviembre de 1904:

“Yo siempre querría decir a los jóvenes una sola cosa (es casi lo único que hasta ahora sé con seguridad): que siempre debemos mantenernos en lo difícil; ésa es nuestra tarea. Tenemos que penetrar tan hondamente en la vida que la soportemos y sea carga; no debe haber placer en torno nuestro, sino vida. (…) Si para muchos la vida se hace más ligera, fácil y alegre, es sólo porque han dejado de tomársela en serio, de llevarla con autenticidad, y de sentirla y cumplirla con su ser más propio. Esto no es progreso en el sentido de la vida. Es una renuncia a todas sus amplitudes y posibilidades. Lo que se exige de nosotros es que amemos lo difícil y aprendamos a habérnoslas con ello.”

Tómate el trabajo de fingir que lo que haces importa, y tal vez, con suerte, consigas llegar a importar tú.