mercancía en desuso

Mes: julio, 2012

Es posible que haya una parte de mí que sobreviva a mi muerte, pero no sería de extrañar que fuese justamente la parte que no puedo soportar.

Ludovico Ariosto sostenía que lo que se pierde no se pierde. Que hay un lugar donde se encuentran los amores no correspondidos, los proyectos imposibles, el tiempo malgastado, las esperanzas baldías. Ese mundo inservible existe, y se parece mucho al Infierno. Si crees haberlo encontrado, será él quien te habrá encontrado a ti.

Cuando Estados Unidos entró en la Segunda Guerra Mundial, el ejército se declaró dispuesto a aceptar a cualquier varón sin pies planos que no estuviera loco, midiera más de metro y medio, pesara un mínimo de 53 kilos y tuviera al menos doce dientes sanos. No obstante, hubo que modificar esos requisitos casi de inmediato. Más del cuarenta por ciento de la población resultó no ser apta para el servicio.

Lo más patético de los intelectuales orgánicos cubanos es que no escriben lo que les ordenan sus amos, sino lo que ellos suponen que les ordenarían si alguna vez se dignasen acordarse de ellos. Ciertamente, es difícil caer más bajo. Pero si hay alguna manera, esos personajes acabarán encontrándola.

Alguien ha escrito recientemente sobre mí que soy como un músico que sólo es capaz de tocar las notas graves del piano. Venenoso pero certero. Tocado y hundido.

Si no eres capaz de expresar lo que sabes de una forma concisa e inteligible puedes dar por hecho que no lo sabes.

Una línea borrosa

En la sala de desahuciados del hospital de Bouaké había cerca de dos docenas de hombres y mujeres apiñados en esterillas de rafia, esperando la muerte sin nadie que se preocupara de ellos. Aun así, ni uno solo se quejaba ni se mostraba compungido o alterado. Se lo comenté al padre Durand y no se lo tomó bien.

            -No se equivoque –dijo-. Lo que ve no es serenidad. Es pura y simple desesperanza.

            Lógicamente, me callé y no volví a abrir la boca. Pero aún hoy sigo preguntándome cuál es la diferencia.

Fe de erratas

Debido a un error de edición el capítulo traducido de Nada Puede el Sol resultaba a duras penas comprensible. A fecha de hoy, dicho error ha quedado debidamente subsanado. Mis disculpas a todos.

A. López-Peláez – Nothing Can the Sun Do – Chapter I

Is it true that he has abandoned us?

But whither, that he can’t return?

Has he really gone?

So insatiable is the other world?

Does it never fill up?

Sotho funeral prayer.

The light aircraft that brought me to Liberia landed at Robertsfield airport shortly after midnight. At the foot of the steps there was a petrol tanker halfway through a wheel change, and just behind, illuminated by the runway lighting, Mokhtar was waiting for me. He was wearing a cream coloured summer suit, a white silk shirt, a plain tie and a woven leather shoe on his good foot. On the other he had the usual orthopaedic one.

‘Welcome to Monrovia,’ he said, coming forward to shake my hand.

‘Thank you, Mr. Abjoupon. How are things going?’

‘Wonderfully, Toubab. The truce is a blessing.’

‘I can imagine.’

‘The Nigerian peace corps did it. They arrived without being called for and put things in order with gunfire.’

‘So I heard.’

‘As you can see,’ he added, ‘with them we don’t need white men.’

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