por Antonio López-Peláez

Los sufridores que se culpan de todos los males que les rodean son sujetos abrumados por su propia impotencia. Les resulta imposible aceptar el hecho de que las desgracias sucedan independientemente de su voluntad. Necesitan desesperadamente creer que tienen el poder de alterar el curso de los acontecimientos. Y se odian a sí mismos por no utilizarlo.