mercancía en desuso

Mes: marzo, 2012

La pobreza no hermana a los hombres. Los pobres se odian entre sí con una saña tal que les lleva a olvidarse por completo del resto del mundo. Muy especialmente de los ricos.

Francisco de Quevedo – Salmo Primero

Un nuevo corazón, un hombre nuevo,
ha menester, Señor, el alma mía:
desnúdame de mí, que ser podría
que a tu piedad pagase lo que debo.

Dudosos pies por ciega noche llevo,
que ya he llegado a aborrecer el día,
y temo que he de hallar la muerte fría
envuelta en (bien que dulce) mortal cebo.

Tu imagen soy, tu hacienda propia he sido,
y si no es tu interés en mí, no creo
que otra cosa defienda mi partido.

Haz lo que pide el verme cual me veo,
no lo que pido yo: que de perdido,
aún no fío mi salud a mi deseo.

Pesos y medidas

¿Cómo medir la desgracia ajena? ¿Cuándo se puede decir de alguien que es inequívocamente desgraciado? A eso sólo tengo una respuesta. Desgraciado es cualquiera que en cualquier momento y en cualquier lugar tenga menos suerte que yo. Ése es mi patrón de referencia. Bueno o malo, no admito ni respeto ningún otro. A fin de cuentas, uno se define a sí mismo por lo que piensa de los demás. Eso me enseñaron. A eso me atengo.

La cuestión no es hasta dónde puedes llegar antes de romperte. La cuestión es hasta dónde puedes llegar una vez roto. Eso es lo que da la verdadera medida… que raramente resulta ser la esperada.