mercancía en desuso

Mes: octubre, 2011

A. López-Peláez – Lo que sé de mí

He besado a personas muertas. He levantado la mano a una mujer. He enfermado de tristeza. He caminado sobre el hielo. He visto enterrar a un niño. He escrito libros que me avergüenzan. He creído atisbar, en un páramo barrido por la ventisca, el fantasma de alguien que me había odiado en vida. He sido muchos, y todos se han ido. Lo que queda es algo que apenas reconozco. Y que se empeña en seguir adelante empujado por una fuerza que no me pertenece.

Elie Wiesel – De “La Noche”

 
Pero desde el día siguiente al de mi operación circuló por todo el campo el rumor de que el frente se había aproximado repentinamente. Se decía que el Ejército Rojo arremetía contra Buna: no era sino cuestión de horas.
       Ya estábamos acostumbrados a este tipo de rumores. No era la primera vez que un falso profeta nos anunciaba la paz-en-el-mundo, los tratos-con-la-Cruz-Roja-para-liberarnos y otras tonterías… Y a menudo le creíamos… Era una inyección de morfina.
       Pero esta vez esas profecías parecían más sólidas. Las últimas noches habíamos oído a lo lejos el cañoneo.
       Entonces mi vecino, el sin-rostro, habló:
       -No os dejéis llevar por las ilusiones. Hitler ha declarado que aniquilará a todos los judíos antes de que el reloj dé las doce campanadas, antes de que puedan escuchar la última.
       Estallé:
       -¿Y eso qué tiene que ver? ¿Acaso hay que considerar a Hitler como un profeta?
       Sus ojos vacíos y helados quedaron fijos en mí y terminó por decir con voz cansada:
      -Tengo más confianza en Hitler que en cualquier otro. Es el único que cumplió sus promesas, todas sus promesas, al pueblo judío.

Elie Wiesel, La Noche, 1958

L. Kolakowski – De “Las principales corrientes del marxismo”

 
Una de las causas de la popularidad del marxismo entre las personas educadas era el hecho de que en su forma simple resulta muy fácil: incluso Sartre se dio cuenta de que los marxistas son perezosos. El marxismo era un instrumento que permitía dominar toda la historia y la economía sin haber tenido que estudiar ninguna de las dos disciplinas.

Leszek Kolakowski, Las principales corrientes del marxismo, 1976