Arthur Schopenhauer – De “El Arte de Ser Feliz”

por Antonio López-Peláez

La mayoría de las veces, sin embargo, así como rechazamos una medicina amarga, nos resistimos a aceptar que el sufrimiento es esencial a la vida, de manera que no fluye hacia nosotros desde fuera, sino que cada uno lleva la fuente inagotable del mismo en su propio interior. Al contrario, a modo de pretexto, siempre buscamos una causa externa y singular para nuestro dolor incesante; tal como el ciudadano libre se construye un ídolo para tener un amo. Porque nos movemos incansablemente de un deseo a otro, y aunque ninguna satisfacción alcanzada, por mucho que prometiera, nos acaba de contentar, sino que generalmente no tarda en parecer un error vergonzoso, no terminamos de admitir que estamos llenando la bota de las Danaídes; antes bien, nos apresuramos a correr tras deseos siempre nuevos. Tal como afirma Lucrecio:

Pues mientras nos falta lo que deseamos nos parece que supera a todo/
en valor; pero cuando es alcanzado/
se presenta otra cosa, y así siempre estamos presos de la misma/
sed, nosotros que anhelamos la vida.

Arthur Schopenhauer, El Arte de Ser Feliz, 1822-1828