A. López-Peláez – Elogio de la desfachatez

por Antonio López-Peláez

Tertuliano, teólogo y padre de la iglesia, consideraba que la fuerza del cristianismo radicaba precisamente en el sinsentido absoluto del mensaje evangélico. Nadie en su sano juicio se atrevería, con el fin de incitar a otro a creer, a inventarse una sarta de historias inverosímiles, absurdas y escandalosas como las que se contaban en torno a la figura de Jesucristo, un Dios-hombre alborotador, amigo de pecadores, irrespetuoso con la ley, traicionado por sus discípulos y ejecutado como criminal. Aquello resultaba tan evidentemente falso que tenía que ser verdad. El argumento definitivo, sin duda. Gracias a él, Tertuliano ha pasado, merecidamente, a la historia. Hacer de la necesidad virtud siempre ha sido un trabajo sucio e ingrato, y aun así hay quienes son capaces de elevarlo a la categoría de arte. Son pocos, pero elegidos. El mundo es suyo.