Del Eclesiastés

por Antonio López-Peláez

Pasa una generación y viene otra, pero la tierra es siempre la misma. Sale el sol, ocúltase el sol y se apresura con el afán de llegar a su lugar, de donde vuelve a nacer. Se dirige el viento al mediodía, vira al norte, va siempre dando vueltas y retorna a sus giros. Los ríos se derraman todos en el mar, y el mar no se llena; allá de donde brotaron tornan de nuevo para volver a correr.
      Todo va y viene más de cuanto el hombre puede ponderar, y no se sacia el ojo de ver ni el oído de oír. Lo que fue, eso será. Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se engendra nada nuevo bajo el sol. Una cosa de la que dicen: “Mira esto, esto es nuevo”, aun ésa fue ya en los siglos anteriores a nosotros; no hay memoria de lo que precedió, ni de lo que sucederá habrá memoria en los que vendrán después.

Eclesiastés, capítulo 1, versículos 4-11