mercancía en desuso

Mes: enero, 2011

A. López-Peláez – Elogio de la desfachatez

Tertuliano, teólogo y padre de la iglesia, consideraba que la fuerza del cristianismo radicaba precisamente en el sinsentido absoluto del mensaje evangélico. Nadie en su sano juicio se atrevería, con el fin de incitar a otro a creer, a inventarse una sarta de historias inverosímiles, absurdas y escandalosas como las que se contaban en torno a la figura de Jesucristo, un Dios-hombre alborotador, amigo de pecadores, irrespetuoso con la ley, traicionado por sus discípulos y ejecutado como criminal. Aquello resultaba tan evidentemente falso que tenía que ser verdad. El argumento definitivo, sin duda. Gracias a él, Tertuliano ha pasado, merecidamente, a la historia. Hacer de la necesidad virtud siempre ha sido un trabajo sucio e ingrato, y aun así hay quienes son capaces de elevarlo a la categoría de arte. Son pocos, pero elegidos. El mundo es suyo.

Mei Yao Ch’en – Excusa para no devolver la visita a un amigo

No te ofendas porque no
me anime a salir. Me conoces
demasiado bien. Tengo
a mi niña en el regazo, y pegado
a las rodillas a mi precioso
niño. Una está empezando a hablar.
El otro charla ya por los
codos. Se me cuelgan de la ropa
y me siguen donde quiera
que voy. No puedo pasar de la puerta.
Creo que nunca llegaré a tu casa.

Mei Yao Ch’en (1002-1060)

Del Eclesiastés

Pasa una generación y viene otra, pero la tierra es siempre la misma. Sale el sol, ocúltase el sol y se apresura con el afán de llegar a su lugar, de donde vuelve a nacer. Se dirige el viento al mediodía, vira al norte, va siempre dando vueltas y retorna a sus giros. Los ríos se derraman todos en el mar, y el mar no se llena; allá de donde brotaron tornan de nuevo para volver a correr.
      Todo va y viene más de cuanto el hombre puede ponderar, y no se sacia el ojo de ver ni el oído de oír. Lo que fue, eso será. Lo que ya se hizo, eso es lo que se hará; no se engendra nada nuevo bajo el sol. Una cosa de la que dicen: “Mira esto, esto es nuevo”, aun ésa fue ya en los siglos anteriores a nosotros; no hay memoria de lo que precedió, ni de lo que sucederá habrá memoria en los que vendrán después.

Eclesiastés, capítulo 1, versículos 4-11