mercancía en desuso

Mes: noviembre, 2010

De “Los Principios de la Psicología”

El acortamiento de los años debe atribuirse a la monotonía del contenido de la memoria y la resultante simplifciación de la mirada retrospectiva. Durante nuestros años de juventud tenemos alguna experiencia totalmente nueva cada hora del día, sea de manera subjetiva u objetiva, la capacidad de comprensión está viva, la capacidad de retención es fuerte, y nuestros recuerdos de esa época, al igual que las impresiones que recibimos durante un viaje rápido y agitado, son detallados y tienen múltiples ramificaciones y formas. Pero cada año que pasa parte de esta expriencia se convierte en una rutina automática de la que apenas somos conscientes. Los días y las semanas se diluyen en nuestro recuerdo hasta convertirse en unidades carentes de contenido. Los años se vacían y se derrumban.

William James, Los Principios de la Psicología, 1890

De “Matices y Detalles”

Sólo en la voluntad de transformar hay vida. Vida es trabajo. Trabajo es llevar algo interior a algo exterior. Lo interior transforma necesariamente lo exterior.
       La vida quiere transformación y logrará que permanezcan las cosas importantes. La muerte quiere la permanencia y logrará la putrefacción.

Ludwig Hohl, Matices y Detalles, 1939

A. López-Peláez – La magnitud de la derrota

En 1989 Enrique Krauze, hijo y nieto de judíos polacos emigrados a México en los años treinta, viajó por primera vez a la tierra de sus mayores. Como era de temer, descubrió que del pueblo que le habían descrito de niño no subsistía nada: ni el mercado, ni las sinagogas, ni el cementerio, ni el puente sobre el río Bug. Huelga decir que tampoco quedaba un solo judío. La historia, más que pasar página, había cerrado el libro entero. Ese mismo día, Krauze se entrevistó con Marek Edelman, el último líder vivo de la sublevación del gueto de Varsovia. Edelman pasó horas con él y le contó en detalle lo que había presenciado allí. Todo. Y, a modo de conclusión, le espetó: “Hitler no perdió. Hitler ganó. Esos doce años de nazismo destruyeron el humanismo europeo. El pasado que usted trata de encontrar está muerto.” Krauze, no obstante, ha seguido con su búsqueda. Cree, y así lo dice, que el rescoldo de ese pasado perdido se aviva con el acto mismo de perseguirlo. Edelman murió hace apenas un año. Le enterraron en Varsovia con honores de héroe nacional. En una de sus últimas declaraciones públicas afirmó que el antisemitismo no necesitaba a los judíos para persistir. Que era perfectamente capaz de sobrevivirles a todos y cada uno de ellos.

Elías Canetti – El Invisible

Paseaba, al ocaso de la tarde, por la plaza mayor del centro de la ciudad, y lo que allí buscaba no era su vis­tosidad y su viveza, con ellas ya contaba, buscaba un pequeño bulto marrón en el suelo que no sólo se reducía a una voz, sino a un sonido único. Era un profundo, prolongado «a – a – a – a – a – a – a – a». Ni disminuía ni aumentaba, pero jamás cesaba y en todo momento era perceptible sobre los miles de clamores y vocerío de la plaza. Era el sonido más persistente del Xemaá El Fná, el que a lo largo de toda una noche, y noche tras noche, permanecía igual.
      Lo oía ya desde la lejanía. Cierta desazón, a la que no era capaz de dar una interpretación correcta, me lle­vaba allí. Había paseado por la plaza en toda ocasión; tantas cosas me atraían en ella que jamás dudé no vol­ver a encontrar el bulto aquél con todo cuanto le era propio. Sólo por esa voz, que había venido a reducirse a un sonido único, sentía cierto temor. Se encontraba en la frontera de lo vivo; la vida que generaba no consistía en otra cosa más que en ese sonido. Por mi parte, es­cuchaba ansioso y amedrentado y para entonces alcan­zaba un punto preciso en mi camino, justo el mismo sitio, donde de súbito oía algo así como el zumbido de un insecto: «a-a-a-a-a-a-a- a». Leer el resto de esta entrada »