De “La Tiranía de la Penitencia”

por Antonio López-Peláez

De modo que los euroamericanos sólo tendríamos la obligación de expiar sin fin lo que le hemos hecho al resto de la humanidad. ¿Cómo dejar de ver que nos convertimos por eso mismo en rentistas de la autodenuncia y que nos produce un orgullo singular ser los peores? De hecho, la denigración de uno mismo apenas disimula una glorificación encubierta. El mal sólo puede venir de nosotros; los demás están animados por la simpatía, la benevolencia, el candor. Paternalismo de la mala conciencia: considerarse los reyes de la infamia es tanto como seguir en la cima de la historia. Desde Freud sabemos que el masoquismo sólo es un sadismo a la inversa, una pasión por dominar dirigida contra uno mismo. Europa sigue siendo mesiánica en un tono menor, militante de su propia debilidad, exportadora de humildad y cordura. Su aparente desprecio de sí misma a duras penas esconde una extrema fatuidad. Sólo admite su propia barbarie, ésa es su arrogancia, pero se la niega a los demás, encuentra para ellos circunstancias atenuantes (lo cual sólo es una manera de negarles toda responsabilidad).

Pascal Bruckner, La Tiranía de la Penitencia, 2006