La ciencia del augurio

por Antonio López-Peláez

Es claro que quien se lanza a hacer predicciones se mete en un terreno resbaladizo y peligroso. Y, sin embargo, nunca han faltado voluntarios dispuestos a arriesgarse. Algunos de ellos, los mejores, han llegado a hacerse una reputación en ese campo. El secreto reside en nadar entre dos aguas, cuidar de que los vaticinios resulten lo más parcos y ambiguos posible, y no perder de vista el hecho incontestable de que un reloj parado da la hora correcta dos veces al día. Véase a modo de ejemplo lo que escribía Marx a Engels en 1857 respecto a sus pronósticos acerca de una insurrección en la India:

Puede ser que termine haciendo el ridículo; pero en tal caso siempre cabe la posibilidad de quedar incólume merced a cierta porción de dialéctica. Huelga decir que he planteado mi propuesta de tal modo que resulte acertada en cualquier caso.