mercancía en desuso

Mes: junio, 2010

Conjuro y ritual de amor caníbal

 
Muchacha, recházame si quieres.
Los granos de maíz que comes
en tu pueblo… ¡Son ojos humanos!
 
Las raíces de mandioca… ¡Son tibias
humanas! ¡Los boniatos, dedos humanos!
Muchacha: ¡Recházame si quieres!

Etnia ndau, Mozambique. 

 

Jorge Luis Borges – Del prólogo a “Luna de Enfrente”

Hacia 1905, Hermann Bahr decidió: “El único deber, ser moderno.” Veintitantos años después, yo me impuse también esa obligación del todo superflua. Ser moderno es ser contemporáneo, ser actual: todos fatalmente lo somos. Nadie -fuera de cierto aventurero que soñó Wells- ha descubierto el arte de vivir en el futuro o en el pasado. No hay obra que no sea de su tiempo: la escrupulosa novela histórica Salammbô, cuyos protagonistas son los mercenarios de las guerras púnicas, es una típica novela francesa del siglo XIX. Nada sabemos de la literatura de Cartago, que verosímilmente fue rica, salvo que no podía incluir un libro como el de Flaubert.

La ciencia del augurio

Es claro que quien se lanza a hacer predicciones se mete en un terreno resbaladizo y peligroso. Y, sin embargo, nunca han faltado voluntarios dispuestos a arriesgarse. Algunos de ellos, los mejores, han llegado a hacerse una reputación en ese campo. El secreto reside en nadar entre dos aguas, cuidar de que los vaticinios resulten lo más parcos y ambiguos posible, y no perder de vista el hecho incontestable de que un reloj parado da la hora correcta dos veces al día. Véase a modo de ejemplo lo que escribía Marx a Engels en 1857 respecto a sus pronósticos acerca de una insurrección en la India:

Puede ser que termine haciendo el ridículo; pero en tal caso siempre cabe la posibilidad de quedar incólume merced a cierta porción de dialéctica. Huelga decir que he planteado mi propuesta de tal modo que resulte acertada en cualquier caso.

Maneras de ser

Oscar Wilde dejó escrito que cada día le costaba más trabajo estar a la altura de su juego de porcelana azul. Quien nunca se haya sentido así no sabe lo que se pierde.

De “El legado de Humboldt”

Artaud, el dramaturgo, había invitado a los intelectuales más brillantes de París a una conferencia. Cuando se reunieron no leyó nada. Artaud se subió al escenario y les gritó como un animal salvaje.
            “Abrió la boca y chilló”, dijo Humboldt. “Soltó gritos horrísonos mientras los intelectuales parisinos permanecían sentados y asustados. Para ellos era un acto delicioso. ¿Y por qué? Artaud, como todo artista, era un sacerdote fallido. Los sacerdotes fracasados se especializan en la blasfemia. La blasfemia se dirige a una comunidad de creyentes. En este caso, ¿de qué clase de creencia? La creencia sólo en el intelecto, al que un Ferenczi ha acusado ahora de locura. ¿Pero qué significa en un sentido más amplio? Significa que el único arte que puede interesar a los intelectuales es un arte que celebre la primacía de las ideas. Los artistas deben interesar a los intelectuales, la nueva clase. Por eso la situación de la cultura y de la historia de la cultura se convierte en el tema del arte. Y por eso una refinada audiencia de franceses escucha respetuosamente a Artaud chillando. Para ellos el propósito exclusivo del arte es sugerir e inspirar ideas y discursos.”
Saul Bellow, El legado de Humboldt, 1973

Último haiku

 
Los poemas a la muerte
son un engaño.
La muerte es la muerte.

Toko Sou (?-1795)