Del dietario de Josep Pla

por Antonio López-Peláez

El ataque más acusado y persistente formulado contra mí se ha basado en que soy un bohemio y un descuidado. Ahora bien: lo único que no soy ni he sido nunca es un bohemio y un descuidado. Todos los amigos que poco o mucho me conocen saben quién soy yo: un perfecto y auténtico burgués. Un burgués de clase media mezclado con un pequeño propietario rural. Más burgués que payés. Tengo todas las características del burgués. Ante todo, jamás he tenido deuda alguna. Luego, jamás le he pedido dinero a nadie: ni a los particulares, ni a los municipios, ni a la provincia, ni al Estado. Si en alguna ocasión he comprado algo, lo he pagado religiosamente. (…) He hecho cuantos favores me ha sido posible hacer, a petición de la gente. Afortunadamente, no he tenido ninguna pasión fuerte —travolgente, por decirlo en italiano—, ni con las mujeres, ni con el dinero, ni con los negocios, ni con cualquier tipo de fachendería. Lo único que he pedido es que me dejaran libre para poder escribir tal como yo veo las cosas, o sea, por placer. Las personas que escriben a través de la imaginación, sin saber nada de nada, producen papeles y libros retóricos; con frases recargadas y enroscadas, recurren a una gran cantidad de palabras para no decir nada. Yo soy partidario de la literatura de observación de la vida humana, de lo que tenemos delante. (…) Hay que escribir por imposición, que es lo difícil. Lo difícil es lo que cuenta. Aparte de esto, todo lo demás, por muy imaginativo que sea, son simples palabras, nada de nada. La realidad enorme, complicadísima que uno tiene delante: este es el problema. ¿Todavía quieren que sea más burgués? No he expuesto, ni mucho menos, todas las razones. Yo soy un puro burgués de formación y de gusto, doblado de un pequeño propietario rural cuya ignorancia es indiscutible.

De “Notes del Capvesprol”