mercancía en desuso

Lo que educa no son las escuelas. Son las bibliotecas.

Nadie cree a solas. El devoto no sólo aspira al vínculo con Dios, sino también -y no en menor medida- con sus hermanos de credo. La fe es compartida o no es fe.

La práctica totalidad de aquellos que han detentado el poder coinciden en afirmar que las apariencias engañan y el margen real de maniobra de que se dispone resulta angustiosamente estrecho. Por suerte para todos.

La pobreza y la ignorancia no son el caldo de cultivo para el fanatismo religioso. El fanatismo religioso es el caldo de cultivo para la pobreza y la ignorancia.

Lo dijo el fundador de la dinastía Rothschild, que algo sabía acerca del tema: El mejor momento para hacer negocios es cuando empieza a correr la sangre por las calles.

La felicidad no se experimenta. Sólo se rememora.

Los tratados de antropología proporcionan una información valiosísima acerca de los usos y costumbres de la que probablemente sea la tribu más abrumada por toda clase de tabúes, prejuicios y creencias irracionales: la de los antropólogos.

El conocimiento no es innato. Las estrategias para adquirirlo sí lo son.

En 1934 el Primer Congreso del Sindicato de Escritores de la URSS dictaminó lo siguiente acerca de James Joyce:

Sólo por tratarse de un autor prácticamente inédito y desconocido en nuestro país, Joyce despierta un interés malsano en un segmento de nuestros escritores. Dicho interés es la expresión inconsciente de las inclinaciones de los escritores derechistas que se han adaptado a la revolución pero que en realidad no comprenden su grandeza.

Cuanto más amenazada e indefensa se siente una sociedad, más feroz y despiadada se vuelve su religión. El favor perdido de los dioses sólo se recupera con sangre.